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El largo camino de la cerveza.

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  Beer, bier, birra, bière o cerveja…en cada idioma hay una forma de mencionar a esta bebida, y cada viajero que se precie habrá aprendido como pedirla en el idioma que corresponda a su destino de turno. Tratándose de una de las bebidas alcohólicas más populares y antiguas, su extensa variedad está intrínsecamente relacionada al lugar de origen, la elaboración y los ingredientes añadidos. Existen cervezas de trigo en el sur de Alemania, de mijo y sorgo en África, de centeno en Rusia, y de arroz en China y Japón. La más habitual es la elaborada con cebada malteada. Al agregarle agua se deja que germine para que el almidón se convierta en azúcar. La malta obtenida se combina con lúpulo, que le da sabor amargo, y levadura, que transforma el azúcar en alcohol. Según el modo de fermentación se logra un tipo diferente de entre 3 y 7 grados etílicos. Con más de 5000 años de historia, la cerveza ya existía en la antigua Mesopotamia, Egipto, África, el Lejano Oriente y América. Hasta la...

El perfume de las horas.

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  El ser humano siempre ha estado empeñado siempre en medir el tiempo, algo tan intangible como real, valiéndose para ese fin del sol y la luna, la secreta dinámica del agua, la suavidad del aceite y la tersa predisposición de la arena. Estas alianzas provisorias con los elementos y el irremisible paso del tiempo le granjearon éxitos transitorios. Fueron más juegos imaginativos que verdaderas apuestas a medir eso que parecía incalculable. La invención del reloj mecánico (por el siglo XV) dio tranquilidad a los espíritus racionales y finalmente pudo regirse por un orden artificial pero certero. Esa batalla ganada al tiempo, o al menos a su medición, no apartó de la mente del hombre los deseos de innovación. Construyó relojes gigantescos, los montó en torres inaccesibles compitiendo   con los campanarios. Los sacó del bolsillo del caballero y de la cartera de la dama, los puso en las muñecas burguesas, los colgó en gargantillas; los hizo grandes o cuadrados, pequeños, redondos...

En días fríos, el calor llega a la mesa.

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  Los días fríos evocan una paleta de sabores que arriman calor a la mesa. Es más: que terminan de cocinarse en la mesa. Así, el carácter informal y divertido de un plato suizo de nombre francés, la fondue, le recordará su origen en los intensos inviernos helvéticos. Entonces, para que los clásicos quesos- emmenthal y gruyere- recuperaran su buen gusto y plasticidad, eran calentados en una cazuela de cerámica, la llamada caquelon, frotada con ajo. A la lenta preparación que se iba reconcentrando sobre fuego (fondue proviene de fondre: derretir), se le agregaban especias y vinos. Sumergido en esta mezcla, hasta el pan viejo sabia estupendo. En 1956, el chef Konrad Egli, del restaurante neoyorquino Swiss Chalet, introdujo el procedimiento para cocinar cubitos de carne en aceite caliente. Desde entonces, a la fondue de queso y a la bourguignonne, se sumaron las de pescado, hortalizas y como postre, las de frutas y chocolate. Similar origen tiene la raclette, una especialidad tam...

Encontrando el equilibrio con el Feng shui.

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  Quien disfruta de la sabiduría antigua, a donde llega, escucha lo que enseña la tradición. Así, se apropia del axioma chino que afirma “primero es el destino y la suerte, después es el esfuerzo, y en tercer lugar, el feng shui” Como destino, suerte y esfuerzo son valores   muy arraigados en Occidente, no se puede evitar   detenerse en esas palabras tan sonoras, que en estas costas   han dado pasto a las más curiosas interpretaciones y valoraciones. Pero ya nadie puede abstraerse a estas influencias. En aeropuertos y hoteles, y quizás pronto en los mismos aviones, el feng shui sale al encuentro del viajero alerta. Esta disciplina apela a dos vocablos: viento y agua, que son, al decir de los expertos, los símbolos naturales que regulan la vida. En China, los maestros para explicar que es la energía (chi) apelan a esta metáfora: cuando el agua de un arroyo fluye plácidamente, límpida y a una temperatura agradable, calma la sed y puede uno bañarse; si el agua se en...

Esos extraños sabores de helados.

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  En el mostrador de una heladería de Tokio, Japón se puede escuchar diariamente este increíble pedido: “Alitas de pollo arriba y pulpo abajo, por favor”. El helado extiende sus dominios en el tiempo, el espacio y el sabor. El célebre postre de antiquísimo origen se sirve de un extremo a otro del planeta. Y, además, asume sabores insospechados, estrechamente asociados a los productos más característicos de cada tierra. Así, por ejemplo, cuando se apetezca un helado de “mate cocido con tres cucharadas de azúcar” se deberá dirigir a la heladería Jauja, en El Bolsón, provincia de Rio Negro. En el otro extremo, si lo que se pretende es un toque picante- mejor dicho: absoluta y escandalosamente picante-, enfilara sus pasos hacia México, país productor de helados a base del famoso chile, uno de los ajíes más picantes del mundo. Y, en tren de probar algo realmente exótico, se emprenderá viaje a Cafayate, en tierra salteña, para deleitarse con helados de vino Cabernet y Torrontés, además...

Go, la filosofía y el arte de jugar.

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  Se suele decir que la paciencia es oriental y que cierta espiritualidad, puesta comercialmente de moda del lado occidental, es adjudicada a nuestros antiguos hermanos del otro lado del mundo. Como supuesta y equivocada contracara, se sostiene a Occidente como representante de la racionalidad. Sin embargo, el juego ciencia más famoso, el ajedrez, proviene de la India, y según se estima, data del siglo VI, años más, años menos. Pero este difundido juego de inteligencia tiene un mentor más viejo, más sencillo y más complejo a la vez: el Go. El Go es un juego de estrategia que plantea la lucha por el espacio de un tablero como si fuera un territorio. Ese tablero tiene 19 líneas verticales por 19 horizontales: 361 casilleros (el tablero de ajedrez es un cuadrado de 8 casilleros por lado, o sea que tiene 64 casilleros). El juego de Go comienza sin piezas en el tablero. La idea es que los dos contrincantes coloquen sus fichas (en rigor “piedras” en el lenguaje de los “goistas” o jugad...

Greeters, Los Saludadores.

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  Quienes hemos recorrido el mundo sabemos que hay ocasiones donde un guía turístico puede volver insoportable a una ciudad. Hablando a los gritos, entregando a los turistas al acoso de los vendedores de baratijas, o exagerando con adjetivos innecesarios son algunas de las varias razones que hacen de cualquier destino algo “olvidable”. En respuesta a esto surgieron los greeters, cuya traducción literal puede sonar extraña pero sería algo así como “saludadores”; en verdad no tiene ninguna relación con ello. Esta práctica comenzó en Nueva York para extenderse luego a varias ciudades como Quito, Chicago, Paris, Alaska, Toronto, Londres, Sídney y Buenos Aires. Los greeters son una especie de guías turísticos vocacionales. Personas comunes que disponen de tiempo y predisposición para acompañar a los turistas. En Nueva York son más 350. Sus edades van desde los 18 a los 30 años y en sus ratos libres llevan de paseo a los turistas por las calles de los barrios de Brooklyn y del Bron...